
El Consejo de Ministros aprueba el 'decreto Maricarmen' con diez medidas y Junts anuncia que no lo convalida en el Congreso si no se reescribe
El Gobierno saca adelante por la mañana el decreto ley de vivienda —prórroga de alquileres, freno a los desahucios sin alternativa habitacional y bonificaciones fiscales— pese a la ruptura de Junts, que por la tarde condiciona su voto a eliminar lo que considera un aval a la ocupación.
El Consejo de Ministros aprueba este martes, en su reunión de las 9.30, el real decreto ley de vivienda que la calle bautizó como 'decreto Maricarmen'. El texto reúne diez medidas: prórroga obligatoria de los contratos de alquiler, suspensión de los desahucios de hogares vulnerables sin alternativa habitacional, límites a las compras masivas de grandes tenedores y un paquete de bonificaciones fiscales para propietarios que alquilen a precio asequible. Sumar se sienta en la mesa con sus cinco ministros y el Ejecutivo presume de haber cumplido el calendario fijado por Bolaños para el 29-S.
La foto de unidad dura poco. A primera hora de la tarde, Junts comunica que sus siete diputados no convalidan el decreto en el Congreso tal y como sale de La Moncloa. El partido de Puigdemont, que el lunes se levantó de la negociación al denunciar que el último borrador 'da por buenas las ocupaciones', exige reescribir el capítulo de desahucios y blindar a los pequeños propietarios antes de la votación, que debe celebrarse en el plazo máximo de un mes.
La predicción se apoya en tres señales: el Gobierno había anunciado que llevaría el texto al Consejo con o sin apoyos cerrados, Junts ya había hecho pública su ruptura con el borrador y, a la vez, dejó la puerta abierta a 'seguir hablando hasta el final'. Ese doble mensaje encaja con un 'no' condicionado y no con un portazo definitivo.
La principal incertidumbre está en el tono de Junts: puede optar por el silencio y dejar el pulso para la negociación parlamentaria, o incluso anunciar la abstención si La Moncloa cierra concesiones de última hora. Mientras, la acampada de Sol, que ya reúne a miles de personas, mantiene la presión sobre todos los grupos.
