
La inflación británica sube al 3,1% en agosto por el encarecimiento de la energía y la subyacente repunta al 2,7%, lo que deja al Banco de Inglaterra dividido a un día de su reunión
La Oficina Nacional de Estadística publica a las 8:00 un IPC que acelera dos décimas desde el 2,9% de julio, impulsado por los carburantes y la electricidad tras el cierre de Ormuz. El dato refuerza a los tres halcones del Comité de Política Monetaria que ya votaron por subir al 4% en julio, aunque el consenso sigue esperando que el jueves los tipos se mantengan en el 3,75%.
El índice de precios al consumo del Reino Unido cierra agosto en el 3,1% interanual, frente al 2,9% de julio, según el dato que la ONS publica a las 8:00 (hora peninsular). El repunte responde casi por completo a la energía: los carburantes y la electricidad recogen el encarecimiento del crudo, que ha pasado de los 90 dólares de principios de verano a superar los 107, mientras los alimentos se mantienen estables. La inflación subyacente sube del 2,6% al 2,7% y la de servicios se mantiene por encima del 4%, la cifra que más preocupa al Banco de Inglaterra.
El dato se conoce a menos de 30 horas de la reunión del Comité de Política Monetaria del jueves, en la que el mercado da como escenario central otro mantenimiento en el 3,75%, el sexto consecutivo, con aproximadamente un tercio de probabilidad de una subida al 4%. En julio, Huw Pill, Megan Greene y Catherine Mann ya votaron por subir. Un IPC en el 3,1% no altera el escenario central, pero refuerza la posibilidad de que la votación quede en 5-4 y de que el comunicado abra la puerta a una subida en noviembre.
El Tesoro británico, que en su encuesta de agosto recogía una previsión media de los economistas del 3,3% para el último trimestre del año, insiste en que el repunte es transitorio y ligado a la guerra de Irán. La libra apenas reacciona y la rentabilidad del gilt a diez años se mantiene cerca de sus máximos del año a la espera de la Fed.
La predicción coincide con el consenso de los economistas (3,1% general y 2,7% subyacente), pero la sorpresa al alza es un riesgo real: en meses anteriores la inflación británica ha superado las previsiones cuando el petróleo ha subido con fuerza. Una décima de desviación en cualquier dirección invalida el pronóstico.
